Martes 3 de noviembre de 2026
Últimas

La Orquesta de Cámara del Congreso interpretará el «Stabat Mater» de Pergolesi

Hay obras que no se escuchan: se atraviesan. El Stabat Mater de Giovanni Battista Pergolesi es una de ellas, y el miércoles 14 de octubre, a las 20, la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación lo interpretará en la Iglesia de San Miguel Arcángel, Bartolomé Mitre 892, en la Ciudad de Buenos Aires.

La dirección estará a cargo del maestro Sebastiano De Filippi. Las voces serán las de la soprano Laura Delogu y la mezzosoprano Verónica Canaves, con Abel Ghelman en el órgano y 21 músicos de cuerda que sostendrán ese diálogo entre el dolor y la belleza que recorre toda la obra.

Una orquesta con historia

La Orquesta de Cámara del Congreso lleva 36 años haciendo música y fue distinguida tres veces como la mejor orquesta de cámara del país por la Asociación de Críticos Musicales. Detrás de ese reconocimiento hay algo más difícil de medir: la constancia de quienes eligen, concierto tras concierto, acercar este repertorio a quien quiera escucharlo.

Un compositor que vivió poco y dejó mucho

Pergolesi nació el 4 de enero de 1710 en Jesi, en la región italiana de las Marcas, y murió en marzo de 1736 en Pozzuoli, cerca de Nápoles. Tenía 26 años y la tuberculosis le cerró el camino cuando apenas empezaba. Se formó en Nápoles y fue una de las voces centrales de la escuela napolitana del siglo XVIII. Su intermezzo cómico La serva padrona (1733) tuvo tanta fuerza que, cuando se presentó en París en 1752, encendió la «Querelle des Bouffons», la célebre disputa entre los defensores de la ópera francesa y los de la italiana.

Una obra escrita al borde del final

El Stabat Mater fue una de sus últimas composiciones. Lo escribió en 1736, en los meses previos a su muerte, por encargo de una cofradía napolitana. Es una pieza para soprano, contralto, cuerdas y bajo continuo, sobre un poema latino del siglo XIII, atribuido tradicionalmente a Jacopone da Todi, que describe el dolor de una madre al pie de la cruz.

Quizás por eso todavía conmueve. Porque habla de algo que cualquiera, creyente o no, puede reconocer: el amor que persiste frente a la pérdida. Fue una de las obras más difundidas del siglo XVIII y hoy sigue siendo una de las piezas sacras más interpretadas del repertorio barroco. Escucharla en vivo, en el silencio de una iglesia, es una buena manera de recordar que la música también sabe acompañar.

Compartí esta nota
En XTelegram