Chau «Zona Fría», Hola Tarifazo: Los verdaderos ganadores y perdedores de la nueva ley de gas

Se acabó lo que se daba. El Senado de la Nación acaba de aprobar el proyecto de ley que modifica drásticamente el régimen de Zona Fría, desarmando la ampliación de subsidios al gas que se había implementado en el año 2021. Con 38 votos a favor y 8 en contra, y gracias al apoyo clave de legisladores de provincias como Neuquén y Chubut, el Congreso le dio luz verde a un nuevo esquema. Detrás de los discursos oficiales que hablan de «equidad» y de pasar a un esquema «focalizado» por nivel socioeconómico, los números fríos revelan una gigantesca transferencia de recursos. ¿Quiénes festejan y quiénes se agarran la cabeza con este nuevo mapa energético? Acá te lo contamos.

Los Perdedores: La clase media, la Patagonia y el interior

  • Los 3,3 millones de «caídos» del sistema: La reforma elimina el beneficio geográfico para las zonas ampliadas en 2021. Esto significa que aproximadamente 3,36 millones de usuarios quedan automáticamente afuera del subsidio. Solamente en la provincia de Buenos Aires, 1,24 millones de hogares distribuidos en 94 distritos (como Mar del Plata, Tandil, Olavarría y Bahía Blanca) pierden el descuento directo. Lo mismo ocurre en provincias de clima mixto como Córdoba, Santa Fe y San Luis. Para no pagar tarifa plena, ahora los usuarios deberán inscribirse en el Régimen de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF) y demostrar que ganan menos de 3 Canastas Básicas Totales o cumplir con estrictos criterios de vulnerabilidad. Además, el Gobierno impuso un «bloque de consumo base», por lo que todo metro cúbico que te pases de ese tope mensual se pagará a precio de mercado sin ningún descuento.
  • La trampa patagónica: El oficialismo convenció a los senadores del sur prometiendo que la «Zona Fría Histórica» (Patagonia, La Puna y Malargüe) mantendría su histórico descuento del 50% sin necesidad de inscribirse en el nuevo esquema. Sin embargo, la letra chica indica un cambio brutal: ese 50% de descuento ahora se aplicará única y exclusivamente sobre el gas puro en boca de pozo, conocido como Gas PIST. Los componentes logísticos como el transporte, la distribución, los impuestos y el pesado «cargo fijo» quedan excluidos de la bonificación y se pagarán al 100%. Esto provocará que unos 940.000 usuarios de la región vean fuertes incrementos en sus boletas. Las estimaciones de la Secretaría de Energía indican aumentos promedio de 25.000 pesos mensuales para los hogares patagónicos. Esto representaría subas en torno al 20% en la factura final en provincias como Neuquén, y hasta un 30% en lugares de clima extremo como Tierra del Fuego o el sur de Santa Cruz. Por si fuera poco, el Artículo 2 del proyecto deja a la total discreción del Poder Ejecutivo la determinación de los futuros porcentajes de subsidio.
  • El norte y la promesa de las «zonas cálidas»: Los gobernadores del Norte Grande prestaron sus votos a cambio de una promesa de implementar «zonas cálidas» para aliviar la boleta de la luz. Pero este salvavidas no será una ley formal, sino apenas un proyecto de resolución, y estará limitado exclusivamente a familias de ingresos inferiores a los 4,8 millones de pesos. Mientras tanto, los límites de consumo eléctrico del SEF ya vigentes fijan topes de apenas 300 kWh mensuales para el verano, una cifra irrisoria e insuficiente frente a las temperaturas de 40 grados que se viven en esa región.

Los Grandes Ganadores: El poder corporativo y los monopolios

  • El club de la energía y el perdón multimillonario: Mientras a la población se le recorta la asistencia y se le imponen topes de consumo, el mismo proyecto de ley (Expediente CD-3/26) esconde un as bajo la manga para las empresas. A través del polémico Artículo 4, el Estado instrumenta una condonación encubierta de deudas para las grandes distribuidoras eléctricas, prestando especial favor a gigantes del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) como Edenor y Edesur. Estas empresas arrastraban pasivos colosales por no abonar la energía que le compraban al mercado mayorista a través de CAMMESA. La nueva ley les inventa a favor unos «activos regulatorios» (basados en dinero que supuestamente perdieron de ganar en años anteriores por el congelamiento de tarifas) para compensar y borrar automáticamente su deuda real y exigible. Se estima que este beneficio extraordinario ronda los 2.000 millones de dólares.
  • Negocio redondo para los dueños del monopolio: Toda esta arquitectura legal beneficia sin escalas a los grupos económicos que recientemente compraron o consolidaron monopolios energéticos. El consorcio de José Luis Manzano, Daniel Vila y Mauricio Filiberti, dueños de Edenor y de Metrogas, al igual que el grupo Edison Energía liderado por Rubén Cherñajovsky y la familia Neuss, ven multiplicar la rentabilidad de sus balances gracias a los tarifazos y a la absorción de sus pasivos por parte del Estado. Como contracara, este esquema resulta profundamente injusto con el interior, ya que no contempla ningún premio ni compensación para las provincias, como Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero o San Juan, que gestionaron bien, exigieron un esfuerzo a sus usuarios y hoy mantienen sus cuentas al día sin deudas con CAMMESA.
  • ¿Qué pasa con la plata del Fondo Fiduciario?: Hay un detalle no menor: la totalidad de los usuarios del país, incluso los hogares bajo la línea de pobreza en el norte cálido, seguirán pagando un recargo del 7,5% en sus facturas para nutrir el Fondo Fiduciario del gas. Al expulsar del beneficio a 3,36 millones de personas, ese fondo inevitablemente quedará con inmensos excedentes estructurales. Ya existen advertencias muy claras de que, si el Gobierno desvía esa gigantesca recaudación sobrante para pagar deudas corporativas o cubrir otros gastos del Tesoro en lugar de subsidiar a las familias, se estaría incurriendo en malversación de fondos públicos y violando flagrantemente la ley de fideicomiso.

En resumen, la matriz conceptual de este proceso fue sintetizada a la perfección por Luis Galli, directivo de Edison Energía y CEO de Newsan: «no es un modelo de consumo, es de inversión». Traducido a la economía de bolsillo: los ciudadanos de a pie asumen silenciosamente el golpe de los recortes, mientras el sector de las corporaciones energéticas festeja en Wall Street con aumentos bursátiles y pasivos saneados gracias al respaldo del Estado.