Con una emotiva ceremonia realizada en el Auditorio Emar Acosta del edificio Alfredo Palacios, se conmemoró el 50° aniversario del accidente del avión Neptune 2-P-103 de la Armada Argentina. La actividad, impulsada por la vicepresidente de la Nación y presidente del Senado, Victoria Villarruel, y coordinada por la Dirección General de Cultura a cargo de Daniel Abate, rindió tributo a los 14 tripulantes que perdieron la vida en el siniestro y durante las posteriores labores de búsqueda y rescate en el continente antártico.
La memoria de la misión antártica
En el inicio del homenaje, Daniel Abate remarcó la significación histórica de la fecha: “Hay historias que una Nación tiene la obligación de contar, no porque pertenezcan solamente al pasado, sino porque nos recuerdan cuánto debemos a quienes dedicaron su vida al servicio de nuestra Patria. Hoy nos reúne una de esas historias”.
Durante la actividad se detalló la secuencia de los hechos ocurridos el 15 de septiembre de 1976, fecha en que el Neptune partió desde la Base Aeronaval Río Grande para realizar un reconocimiento glaciológico en el Pasaje de Drake y las islas Shetland del Sur, tareas destinadas a la organización de la Campaña Antártica. Tras interrumpirse el contacto, la aeronave sufrió un siniestro en la isla Livingston que provocó la muerte de sus 11 tripulantes. Posteriormente, en el despliegue de búsqueda y rescate, cayeron tres integrantes de un helicóptero Bell 212 del Ejército Argentino, elevando la cifra total de víctimas a 14.
A su vez, se rememoró que en enero de 2024 científicos búlgaros hallaron piezas del Neptune cerca de Punta Barnard, restos cuya autenticidad fue confirmada tiempo después por el Arsenal Aeronaval Comandante Espora.
Testimonios y reconocimientos post mortem
El homenaje incluyó los testimonios del contraalmirante Marcelo Tarapow y del sargento primero de Aviación del Ejército Argentino, Gustavo Ibarra. Este último, formaba parte de la tripulación del helicóptero Bell 212 pero debió permanecer en el rompehielos ARA General San Martín debido a la carencia de equipamiento adecuado para responder al clima adverso de la zona.
La ceremonia contó también con la presencia de Olya Tsvetanova Ognyanova, cónsul y encargada de Negocios de la Embajada de Bulgaria, junto a autoridades, miembros del Senado de la Nación y familiares de los caídos. Tras la bendición ofrecida por el padre Pedro Giunta, se concretó la entrega de los diplomas de honor post mortem del Senado de la Nación para reconocer formalmente a quienes sirvieron al país en cumplimiento de su deber.
La memoria de nuestra presencia antártica
La presencia argentina en la Antártida es una historia construida con esfuerzo, coraje y una cuota de sacrificio que a menudo queda lejos de nuestra mirada cotidiana. El accidente del Neptune 2-P-103, ocurrido en 1976, no es solo un hecho técnico o militar; es un recordatorio de la fragilidad humana frente a la inmensidad blanca y el clima extremo del continente helado. Aquella misión de reconocimiento glaciológico era fundamental para sostener la logística de nuestras bases, un trabajo silencioso que permite que la ciencia y la soberanía argentina sigan vigentes en el extremo sur del mundo.
Recordar este suceso, a medio siglo de distancia, nos invita a reflexionar sobre el valor de quienes eligen servir en condiciones donde el margen de error es mínimo. El hallazgo reciente de restos de la aeronave por parte de científicos búlgaros en la isla Livingston volvió a traer al presente el nombre de aquellos catorce tripulantes. Más allá de las piezas de metal encontradas, lo que realmente importa es el ejercicio de la memoria: reconocer que detrás de cada mapa y cada campaña antártica hay personas que entregaron su vida en pos de un objetivo colectivo que nos trasciende a todos.
