Murió Juan Carlos Distéfano, célebre artista y referente de la cultura argentina

El arte y la cultura argentina despiden a uno de sus más grandes referentes. Juan Carlos Distéfano, el polifacético artista que tuvo un rol clave en el Instituto Torcuato Di Tella, falleció esta mañana a los 92 años. La noticia fue confirmada por la curadora María Teresa Constantin, quien detalló que el artista «se quedó dormido» acompañado por su compañera de toda la vida, la reconocida escritora y dramaturga Griselda Gambaro, con quien tuvo a sus hijos Andrea y Lucas. Sus restos serán velados en Malabia 1662.

Nacido el 29 de agosto de 1933 en Villa Celina, los primeros años de Distéfano transcurrieron en una granja familiar en Tapiales. De esa infancia donde presenciaba las faenas de cerdos se inspiró para crear «Cabalgata» (1966), una pintura que marcó su transición a la escultura al incorporar volúmenes tridimensionales y que fue adquirida para el Malba por 260.000 dólares.

El diseño gráfico y la revolución en el Di Tella

Distéfano inició su carrera en el diseño gráfico, aunque su deseo original era pintar. Estudió en la Escuela Industrial de Artes Gráficas de Barracas, donde fue alumno de Luis Barragán, y luego se recibió de profesor de dibujo en la Escuela de Bellas Artes «Manuel Belgrano». En 1955 se casó con Griselda Gambaro, hermana de su amigo de trabajo Obdulio Gambaro.

A principios de la década de 1960, tras ganar un concurso de Siam Di Tella, fue convocado para dirigir el Departamento de Diseño Gráfico del Instituto Torcuato Di Tella. Allí transformó la comunicación cultural del país con afiches emblemáticos que hoy forman parte de colecciones internacionales como la del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA). Rubén Fontana, miembro de su equipo, destacó que el artista dominaba las tecnologías de impresión y explotaba la tipografía como imagen pura, como ocurrió con el célebre afiche para la obra «Lutero» en 1965.

La transición a la escultura y el exilio

En 1976, Distéfano decidió volcarse de forma exclusiva a la plástica tras dejar su estudio de diseño. Ese mismo año, la dictadura militar prohibió y secuestró «Ganarse la muerte», novela de su esposa Griselda Gambaro, lo que forzó el exilio de la familia a Barcelona entre 1977 y 1979. Al regresar en 1980, retomó la actividad docente en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova y continuó exhibiendo su producción, incluyendo su paso a la arcilla y la resina sintética, materiales que definió como un placer ineludible.

Memoria histórica y consagración internacional

La obra de Distéfano estuvo profundamente atravesada por la historia del país. En 2015, representó a la Argentina en la Bienal de Venecia con la muestra «La rebeldía de la forma», curada por Constantin. Entre las piezas destacadas estuvo «Emma traviesa» (basada en una obra de Lino Enea Spilimbergo), construida con recortes de avisos eróticos de diarios. Al respecto, la crítica Alicia de Arteaga señaló: «En sus manos la resina habla aunque esté callada… expresa lo que nunca deberíamos olvidar».

El compromiso con los derechos humanos quedó plasmado en obras como «Flotante» (1987) y «Procedimiento» (1972), las cuales, según Constantin, representan «una lección de historia argentina» sobre la tortura y la persecución. En 2022, el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) albergó su muestra «La memoria residual», donde exhibió «La necesidad del arcoíris», escultura realizada en pandemia que simbolizaba la libertad y la diversidad.

Distéfano fue galardonado con los premios Konex de Platino (1982), Konex de Brillante (1992) y el Premio Nacional a la Trayectoria Artística (2018), además de exhibir en grandes salas internacionales de Madrid, Houston, Barcelona y Texas, consolidando un legado indispensable para la memoria nacional.

Foto: La Nación. Fuente original: La Nación.