Un reciente informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) desnuda la compleja realidad financiera de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) entre 2009 y 2024. El análisis revela un sistema con un desequilibrio estructural persistente, donde la expansión de la cobertura a millones de nuevos beneficiarios se ha financiado, en gran medida, a costa de la licuación del valor real de las prestaciones.

El estudio, titulado «Caracterización del financiamiento de ANSES», subraya que el pilar contributivo del sistema —aquel que se nutre de los aportes y contribuciones de trabajadores y empleadores— ha sido crónicamente insuficiente para cubrir sus obligaciones. En ningún momento del período analizado, estos ingresos lograron solventar la totalidad de las jubilaciones y pensiones contributivas y semicontributivas.
Esta situación ha consolidado una creciente dependencia de los impuestos con afectación específica, como el Impuesto a los Créditos y Débitos Bancarios y el Impuesto PAIS, que hoy son fundamentales para sostener el equilibrio del organismo.
Más beneficiarios, haberes más bajos
Uno de los hallazgos más contundentes del informe es la tensión entre inclusión y suficiencia. Mientras que el número total de beneficios otorgados por ANSES creció de 13 millones en 2009 a 17,6 millones en 2024, el gasto total del organismo, medido como porcentaje del PBI, no registró variaciones netas en el mismo período, manteniéndose en un 7,1%.
Este fenómeno tiene una explicación clara: la ampliación de la cobertura se financió a través de una disminución del valor real promedio de las prestaciones. El motor de esta expansión no fue el sistema contributivo puro, sino los mecanismos semicontributivos, principalmente las moratorias previsionales9. De hecho, desde 2015, la cantidad de jubilados por moratoria (3,9 millones en 2024) supera a los beneficiarios del régimen contributivo puro (3,2 millones).
La consecuencia directa de esta dinámica ha sido una drástica caída en la capacidad de los haberes para reemplazar los ingresos de la vida activa. La tasa de reemplazo del régimen general se ubicó en apenas un 37,9% en 2024, muy por debajo del 82% que se considera técnicamente necesario para mantener el nivel de vida. En palabras del informe, el sistema equilibra sus finanzas «sacrificando la capacidad de las jubilaciones».
Un cambio en la estructura del gasto y el financiamiento
El informe también destaca una transformación estructural en el perfil del gasto de ANSES. El gasto puramente contributivo pasó de representar el 63% del total en 2009 a solo el 50% en 2024. En contrapartida, el gasto no contributivo, que incluye programas como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y los bonos de refuerzo, creció del 4% al 20% en el mismo período.
Esta reconfiguración ha sido posible gracias a un cambio en las fuentes de financiamiento. Mientras los aportes y contribuciones perdieron participación, los ingresos tributarios se volvieron cruciales. En 2024, el 40% de los recursos de ANSES provinieron de impuestos de afectación específica.
Los desafíos a futuro
La OPC concluye delineando una serie de desafíos estructurales que condicionan la viabilidad futura del sistema. El principal es el déficit crónico del pilar contributivo, agravado por la caída del salario real y la precarización laboral. Según datos de la propia ANSES citados en el informe, solo el 17% de los varones y el 10% de las mujeres en edad próxima a jubilarse cuentan con los 30 años de aportes requeridos.
Resolver la tensión entre ampliar la cobertura y garantizar haberes dignos es, según el análisis, el nudo gordiano del sistema. Para la OPC, cualquier reforma deberá abordar la alta informalidad laboral y diseñar un esquema de financiamiento estable que no dependa de la licuación de las prestaciones como variable de ajuste.
