Las redes sociales se han consolidado como un campo de batalla y una vidriera indispensable para la política argentina. Para los diputados nacionales, estas plataformas ya no son un complemento, sino un escenario central donde construyen su imagen, disputan narrativas y buscan el voto. Un análisis del comportamiento digital de los legisladores revela una marcada polarización: mientras un grupo de «pesos pesados» concentra la atención con un estilo confrontativo y de alto impacto, una mayoría silenciosa mantiene un perfil bajo, utilizando sus cuentas principalmente como gacetillas de prensa de su labor territorial.
Los «Influencers» del Recinto: ¿Quiénes Lideran la Presencia Online?
Identificar a los diputados con mayor presencia va más allá del simple conteo de seguidores; se trata de influencia e interacción. En este terreno, figuras como el aún diputado, José Luis Espert y Diego Santilli se destacan por su actividad y alcance.
Sin embargo, el arquetipo del nuevo legislador influyente lo encarna Lilia Lemoine. Su transición de cosplayer e influencer a diputada nacional por La Libertad Avanza es un claro ejemplo de cómo una base de seguidores preexistente puede catapultar una carrera política. Lemoine y otros legisladores de su espacio utilizan un lenguaje y formatos nativos de las redes, lo que les permite una conexión más directa con un electorado joven.
Aunque hoy ocupa la presidencia, el estilo de Javier Milei como diputado sentó un precedente. Su estrategia de comunicación, caracterizada por un volumen masivo de publicaciones y un tono a menudo beligerante, ha permeado el comportamiento de muchos actores políticos en el Congreso.
El Tono del Debate: Más Insultos y Menos Diálogo
El dato más alarmante sobre el comportamiento de la clase política en el entorno digital es el crecimiento de la violencia verbal. Un reciente informe de la consultora Ad Hoc reveló que, entre enero de 2023 y mediados de 2025, los insultos en redes sociales aumentaron un 90%.
Este fenómeno no es patrimonio de un solo partido político. La agresividad y las provocaciones se han intensificado en toda la conversación digital, volviéndose una herramienta recurrente para descalificar al adversario y movilizar a la propia base. El estudio de Ad Hoc destaca que esta escalada del lenguaje ofensivo se refleja no solo en la frecuencia de los insultos, sino también en el grado de agresividad con que se abordan los temas públicos, incluso desde voces institucionales.
En cuanto al contenido, existe una doble agenda. Un estudio sobre el comportamiento de los legisladores («¿Legisladores 2.0?») señala que cerca de la mitad de las publicaciones de los diputados se refieren a la provincia que representan, enfocándose en gestiones y actividades locales. El resto del contenido se dedica a la contienda nacional, donde prima la opinión y la crítica al gobierno o a la oposición.
La Mayoría Silenciosa y las Nuevas Plataformas
En contraposición a las figuras de alta exposición, se encuentra una gran cantidad de diputados con una presencia digital mínima o de bajo impacto. No existen rankings públicos sobre los legisladores con menos seguidores, pero su comportamiento tiende a ser unidireccional: utilizan sus cuentas de X (antes Twitter) o Facebook para difundir comunicados, fotos de reuniones o proyectos de ley, pero sin generar una interacción significativa con la ciudadanía. Son, en esencia, tablones de anuncios digitales.
Mientras tanto, plataformas como Instagram y, sobre todo, TikTok, ganan terreno. Argentina se ha posicionado en el top 20 de países con mayor alcance publicitario en TikTok, y el tiempo de uso mensual en esta red supera ampliamente al de otras plataformas. Aunque la adopción por parte de los diputados de mayor edad es lenta, los legisladores más jóvenes han comenzado a experimentar con videos cortos y tendencias virales para comunicar sus ideas, reconociendo que la batalla por la atención también se libra en formatos de menos de 60 segundos.
En conclusión, el Congreso argentino vive una doble realidad digital. Por un lado, una élite de diputados «influencers» que marcan el ritmo de la conversación con un estilo confrontativo y de alta frecuencia. Por otro, una mayoría que aún no explota el potencial de las redes para el diálogo y se limita a una comunicación informativa y esporádica. El desafío para el debate público es si la agresividad que hoy domina la escena terminará por ahogar las posibilidades de un diálogo más constructivo.
