La sed insaciable de la nube: 5 realidades impactantes sobre los centros de datos de IA (y la encrucijada del Súper RIGI en el Senado)

Super Rigi

Detrás de cada respuesta instantánea de un modelo de lenguaje o de cada imagen generada por inteligencia artificial no solo hay algoritmos sofisticados; hay una infraestructura material masiva compuesta por galpones gigantescos, procesadores de última generación y sistemas de enfriamiento que operan las 24 horas del día. En la carrera global por dominar la economía digital, los centros de datos de hiperescala se han transformado en las «fábricas del siglo XXI».

En la Argentina, el debate sobre estas megaestructuras cobró un impulso legislativo central a partir del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias («Súper RIGI»). Tras recibir sanción en la Cámara de Diputados, el proyecto llegó al Senado proponiendo un marco de previsibilidad y estabilidad normativa por 30 años (en materia fiscal, aduanera y cambiaria) para proyectos tecnológicos e industriales que involucren inversiones mínimas de 1.000 millones de dólares.

Sin embargo, mientras el Congreso busca atraer a los gigantes tecnológicos (Big Techs), la evidencia internacional y regional revela que la instalación de estos centros de cómputo plantea dilemas complejos en términos de empleo, uso de recursos naturales e impacto en las redes eléctricas. A continuación, se analizan cinco realidades contundentes sobre los centros de datos de IA y su punto de encuentro con el debate del Súper RIGI.


1. La ilusión del empleo masivo frente a la automatización extrema

El argumento recurrente al anunciar la llegada de un data center de IA es la promesa de desarrollo local y la creación de miles de puestos de trabajo calificados. No obstante, las métricas operativas muestran un panorama muy diferente una vez concluida la etapa de construcción.

Los centros de datos son infraestructuras altamente automatizadas cuya gestión cotidiana se realiza en gran medida de forma remota. Estudios del sector eléctrico estiman que una megaestructura a hiperescala emplea de forma permanente solo a entre 30 y 50 personas, concentradas principalmente en tareas de seguridad física, mantenimiento básico y técnicos de red.

«A diferencia de los complejos industriales tradicionales (…) los centros de datos se caracterizan por ser instalaciones altamente automatizadas. (…) Gran parte de su funcionamiento se puede controlar de forma remota».

La brecha entre el discurso y la realidad laboral se observa en casos internacionales:

  • México: Microsoft anunció la creación de miles de empleos indirectos en torno a su proyecto; dos años después, la planta operaba con 17 empleados directos.
  • Suecia: Meta proyectó 30.000 empleos junto a su instalación en el norte del país, pero la investigación posterior reveló una plantilla real de 56 personas.
  • España: Tres centros de datos de Amazon Web Services (AWS) empleaban en conjunto a 100 trabajadores.

El cruce con el Súper RIGI: El proyecto de ley busca «favorecer la creación de empleo» mediante la atracción de capitales intensivos. Sin embargo, al fijar un piso de inversión de USD 1.000 millones para infraestructuras caracterizadas por ser «labor-light», el régimen corre el riesgo de conceder beneficios fiscales por tres décadas a cambio de plantillas de personal permanente muy reducidas.


2. El espejismo de las cifras millonarias: hasta el 62% del dinero vuelve al exterior

Las promesas de inversión que acompañan a estas megaestructuras suelen anunciarse por miles de millones de dólares. No obstante, gran parte de ese capital no ingresa al circuito productivo de la comunidad receptora.

Analistas e instituciones especializadas destacan que entre el 60% y el 62% del costo total de instalación de un centro de datos corresponde exclusivamente a la compra e importación de hardware (procesadores, servidores, GPUs) y software especializado. Dado que estos componentes tecnológicos de alta complejidad no se fabrican en la región, la mayor parte del dinero anunciado vuelve a salir para pagar a proveedores multinacionales en Estados Unidos, Asia o Europa.

«No hay actividad económica adicional como resultado de la instalación de un centro de datos. Nadie necesita estar cerca de él (…) forman parte de una infraestructura global que se gestiona de forma remota y, en la mayoría de los casos, genera valor lejos del lugar donde se construyen».

El cruce con el Súper RIGI: El articulado del Súper RIGI otorga la exención total de derechos de importación para bienes de capital e insumos destinados al proyecto, fijando un compromiso de contratación de proveedores locales del 20% de la inversión siempre que exista oferta en condiciones de mercado. Esto implica que el 80% restante puede ser importado sin aranceles, haciendo que el grueso del desembolso financiero no derrame sobre la economía nacional.


3. Estrés hídrico y la amenaza a las cuencas locales

El enfriamiento de las miles de computadoras que procesan algoritmos de IA exige volúmenes masivos de agua. Un centro de datos puede consumir millones de litros de agua diarios para evitar el sobrecalentamiento de sus servidores.

A nivel global, cerca del 40% de la capacidad de los centros de datos existentes y proyectados se sitúa en zonas con estrés hídrico moderado a extremo. Las demandas del procesamiento de IA generativa han agravado esta tensión:

  • Chile: En Cerrillos (Santiago), la justicia paralizó el proyecto de un mega centro de datos de Google tras recursos de vecinos y organismos ambientales debido a que planeaba extraer más de 14,6 millones de litros de agua diarios del acuífero local.
  • Uruguay: Tras revelarse que un proyecto planificaba consumir 7,6 millones de litros diarios de agua potable, la empresa debió rediseñar el sistema para utilizar refrigeración por aire.
  • Estados Unidos: La proliferación de estos complejos ha provocado investigaciones sobre la sequía de pozos de agua subterránea en comunidades rurales circundantes.

«Los centros de datos que usan sistemas de enfriamiento basados en agua pueden consumir cientos de millones a miles de millones de galones anualmente, reduciendo la disponibilidad de agua de superficie o agotando las reservas subterráneas».

El cruce con el Súper RIGI: Para ser aprobado en el Súper RIGI, el plan de inversión del proyecto debe incluir una declaración jurada que asegure que no comprometerá la sustentabilidad de los recursos naturales ni el acceso al agua en su área de influencia. No obstante, analistas locales señalan la preocupación en zonas áridas o de escasa infraestructura como Vaca Muerta y la Patagonia, donde ya se proyectan centros de datos sin contar aún con un marco regulatorio ambiental específico para esta industria.


4. Colapso de la red eléctrica y el impacto oculto en las tarifas residenciales

La Inteligencia Artificial ha cambiado radicalmente los patrones de consumo energético. Un server rack dedicado a tareas de IA requiere aproximadamente 60 kilowatts (kW) de potencia, en comparación con los 10 kW que demanda un centro de datos tradicional.

Las instalaciones de hiperescala registran consumos eléctricos equivalentes a los de decenas de miles o incluso cientos de miles de hogares. Por ejemplo, en Irlanda, la industria tecnológica pasó a consumir el 21% de toda la electricidad del país, superando el consumo combinado de todos los hogares urbanos.

Esta demanda desmedida genera una consecuencia colateral sobre la población: el aumento de las facturas de luz. Cuando las empresas de servicios públicos (utilities) deben construir nuevas líneas de alta tensión o centrales generadoras para abastecer estas megaestructuras, los costos de ampliación de la red suelen ser transferidos a las tarifas de los usuarios residenciales y comercios locales.

«Las empresas de servicios públicos realizan mejoras en su infraestructura para manejar las demandas de los nuevos centros de datos, y el precio de estos cambios típicamente recae sobre los consumidores residenciales o comerciales más pequeños».

El cruce con el Súper RIGI: El Súper RIGI contempla que el estudio técnico demuestre la no saturación de las redes de servicios públicos locales. Sin embargo, al otorgar un marco de estabilidad normativa e impositiva por 30 años, el régimen no exige explícitamente que los desarrolladores privados financien la autogeneración eléctrica limpia ni garantiza mecanismos de blindaje tarifario para los usuarios residenciales ante eventuales expansiones de la red.


5. La «rebelión de los vecinos» y el giro global hacia las moratorias

En el hemisferio norte, la tolerancia social hacia la instalación irrestricta de centros de datos ha sufrido un quiebre significativo. Durante el segundo trimestre de 2025, proyectos por un valor de entre 98.000 millones y 130.000 millones de dólares resultaron paralizados, bloqueados o puestos en pausa crítica en Estados Unidos debido a la resistencia organizada de comunidades locales.

Los reclamos por ruido constante de ventiladores, presión sobre los recursos hídricos, aumento del costo eléctrico y falta de transparencia llevaron a un endurecimiento regulatorio sin precedentes:

  • Nueva York (EE.UU.): Aprobó una moratoria de un año a la construcción de nuevos centros de datos de gran escala (de 20 MW o más) para evaluar su impacto ambiental y exigir que las futuras instalaciones se abastezcan de energías renovables.
  • Irlanda: Tras años de congelamiento de proyectos en Dublín, fijó normativas estrictas que obligan a los centros de datos a proveer el 100% de su propia generación eléctrica y utilizar al menos un 80% de energías renovables.
  • Seguridad Nacional: Gobiernos centrales en EE.UU. y Europa han comenzado a calificar a los centros de datos como infraestructura crítica y asunto de seguridad nacional, advirtiendo la extrema vulnerabilidad que implica concentrar información y capacidad de cómputo en manos de monopolios privados o bajo jurisdicción extranjera.

«En Europa y Estados Unidos hay varios ejemplos de regiones con experiencias negativas que ahora intentan bloquear los centros de datos. Entonces, estas empresas tecnológicas comienzan a mirar hacia otros países (…) donde aparentemente estas promesas aún funcionan».

El cruce con el Súper RIGI: Mientras las potencias desarrolladas aplican moratorias, aumentan las exigencias ambientales e imponen tarifas compensatorias a las Big Techs, la iniciativa debatida en el Senado argentino marcha en la dirección opuesta, ofreciendo rebajas impositivas (alícuota del 15% en Ganancias), libre disponibilidad de divisas y exenciones de aranceles por 30 años.


Conclusión: Una encrucijada estratégica

El desarrollo de la inteligencia artificial es una transformación inevitable de la economía global, y contar con infraestructura digital representa una oportunidad geopolítica insoslayable. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que atraer centros de datos a cualquier costo —sin normativas de autogeneración energética, protección de acuíferos ni exigencias de transferencia tecnológica real— puede convertir una promesa de modernización en un enclave extractivo de recursos críticos.

A medida que el Súper RIGI avance en su tratamiento legislativo en el Senado, la pregunta de fondo que deberán responder los reguladores y la sociedad argentina es contundente: ¿se diseñarán salvaguardas ambientales y energéticas para proteger las redes y recursos locales, o se terminará cediendo soberanía impositiva y territorial ante el avance insaciable de la nube?