Educación emocional: el impulso para una ley nacional que lleve la gestión de las emociones a las aulas

Así como los estudiantes cursan materias tradicionales como lengua, matemáticas o geografía, existe una fuerte demanda para incorporar la educación emocional de manera formal en toda la escolaridad, desde el nivel inicial hasta la secundaria. Esta propuesta, impulsada desde hace más de una década por Lucas Malaisi, psicólogo de 45 años y presidente de la Fundación Educación Emocional, busca que niños y adolescentes aprendan a reconocer y regular sus emociones como una herramienta clave para su desarrollo y salud.

Actualmente, este marco normativo ya ha sido aprobado en varias provincias del país, entre las que se encuentran Jujuy, Tucumán, Chaco, Corrientes y Misiones, mientras que en Salta obtuvo recientemente la media sanción. Sin embargo, el especialista advierte que para que la ley no se convierta en «letra muerta» se requiere de una firme decisión política y una mayor capacitación docente que garantice su aplicación efectiva en todas las aulas.

La importancia de un espacio curricular propio

La educación emocional propone generar espacios dentro de las escuelas para que los alumnos puedan expresar lo que sienten, ponerlo en palabras y aprender a regularlo. Según explica Malaisi, autor de libros como Coherencia emocional, Nutrición emocional, Modo creativo y el próximo a publicarse Tribu emocional, el solo hecho de nombrar emociones como la tristeza ayuda a que pierdan fuerza y se mitiguen. Además, este proceso fomenta de manera directa el desarrollo de la empatía y el autoconocimiento.

Respecto a cómo debe implementarse, el psicólogo defiende la necesidad de que la educación emocional cuente con un espacio curricular específico, es decir, una hora de clase dedicada exclusivamente a este fin, complementando el abordaje transversal que se realiza en otras materias. Malaisi señala que cuando la temática se trabaja únicamente de manera transversal suele diluirse la responsabilidad de su dictado, lo que atenta contra su sostenibilidad en el tiempo.

Desigualdad en la aplicación y el rol de las políticas públicas

El presidente de la Fundación Educación Emocional enfatiza que la sanción de una ley es un paso fundamental porque legitima el diálogo sobre los sentimientos en el ámbito educativo. No obstante, advierte sobre la existencia de una aplicación dispar: «Se implementó mucho más en ámbitos privados, que son los que tienen más autonomía y recursos», detalla, remarcando que la iniciativa todavía no está llegando adecuadamente a las zonas más vulnerables debido a la falta de formación de los educadores.

Asimismo, aclara que esta estrategia es estrictamente pedagógica y de promoción de la salud, y no debe confundirse con hacer terapia en el aula, una tarea que sobrecargaría el rol de los docentes.

El impacto del uso de pantallas en la salud emocional

Uno de los factores que complejizan la realidad de los adolescentes actuales es el uso intensivo de teléfonos celulares y redes sociales. El especialista califica el impacto de estas tecnologías sobre los jóvenes como «brutal», aludiendo al fenómeno global de la «generación ansiosa» descrito por el autor Jonathan Haidt. Frente a esto, resalta las medidas restrictivas de acceso a redes para menores de 16 años adoptadas en países como Australia, Dinamarca e Inglaterra, así como la prohibición de dispositivos móviles en las escuelas y los acuerdos parentales para regular su uso.

La evidencia del control de impulsos y la prevención de la violencia

La efectividad de la educación emocional está respaldada por diversas investigaciones científicas. El especialista cita el célebre «experimento del malvavisco», donde niños de cuatro años fueron evaluados en su capacidad de postergar la gratificación (esperar para comer dos dulces en lugar de uno de inmediato). El seguimiento de estos participantes a los 18 y 28 años demostró que quienes lograron controlar el impulso en la infancia obtuvieron mejores promedios escolares, mayor inserción en actividades deportivas, mejores habilidades sociales y resultados económicos superiores en la adultez.

Dado que estas habilidades de inteligencia emocional son aprendidas, la educación formal se presenta como el vehículo ideal para desarrollarlas, ayudando también a disminuir conductas sintomáticas. En ese sentido, ante situaciones de violencia escolar —a las que define como emergentes de un desgaste de la malla social— la educación emocional funciona como una estrategia preventiva integral que evita que los conflictos escalen hacia patologías.

Nutrición emocional y el camino hacia el amor propio

Para el psicólogo, las heridas emocionales del pasado que no se gestionan o que se viven en soledad derivan en traumas. Por el contrario, si hay un acompañamiento amoroso o capacidad de gestión, las heridas cicatrizan. En esta línea, propone conceptualizar la «pirámide de la nutrición emocional de los niños», que contiene los elementos necesarios para desarrollar el amor propio. Esta pirámide se compone de:

  • La base: El amor.
  • Segundo nivel: Las frustraciones y los límites.
  • Tercer nivel: El juego libre en la niñez (que equivale al propósito de vida en los adultos).
  • Cuarto nivel: Las ideas empoderadoras.
  • Quinto nivel: Los deberes y obligaciones.
  • La cúspide: Los placeres.

Finalmente, Malaisi subraya que el amor inicia en uno mismo y que es el modelo para todos los demás afectos que se dan y reciben. Llevar la discusión sobre el amor propio y el trato respetuoso a la escuela permitiría cultivarlo activamente en las nuevas generaciones.